lunes, 30 de enero de 2012

Bogotá




Personalmente creo que es imposible describir una ciudad como Bogotá. Si lo hiciera, millones de detalles y sentidos quedarían perdidos en la búsqueda de palabras, palabras que seguramente la humanidad no ha tenido la creatividad y divergencia para inventar. Lo único que podría compartir con ustedes es un sentimiento, el sentimiento que provoca mi ciudad natal, sentimiento que intentaré transmitir en el siguiente texto. Texto creado mientras intentaba contemplar y entender (o sentir) una ciudad tan diversa y especial, llena de contrastes, llena de felicidades y tristezas, de personas magníficas,… una ciudad de casi 10 millones de habitantes, donde la lucha de cada uno de ellos es tan diversa pero tan genuina que es imposible pensar en la imposición de sentidos.






“Los sentidos de la vida...”


Hemos intentado buscar el sentido de la vida en las palabras de nuestro pensamiento pero no hemos reconocido que los sentidos son más que palabras, y que la vida, más que pensamiento. Tampoco es algo que se pueda explicar, compartir, comparar, verificar, ... o incluso recordar. Mentira es que sea estático, o que sea uno, o que pertenezca a una lengua, a un ismo, a una percepción cultural o a una personal.

No es algo difícil de encontrar ya que siempre está ahí. No se encuentra en las cosas grandes, ni en las cosas pequeñas o medianas. No se encuentra en la religión, en la biología, en la psicología, en la sociología, en la antropología, y mucho menos en la filosofía. Tampoco se encuentra en nosotros mismos o en los otros. No se encuentra en el sabor de una hoja de otoño, o en la fragancia del atardecer, mucho menos en las lágrimas de la primavera, o en el sonido del florecer de las nubes de lluvia. No se encuentra en la alborada de una nueva vida, o en el ocaso de una bella y prolongada retirada.

Algunos se han atrevido a afirmar que la vida no tiene sentidos y les hemos creído. Otros han utilizado lenguas exánimes para explicarnos que se encuentra en las cosas mínimas y diminutas del momento, y también les hemos creído. En tiempos más oscuros y míticos se tildaba nuestra existencia de castigos prodigiosos y de voluntades ajenas. Esas licencias que dimos para explicar la vida: las aféresis, síncopas y apócopes del sentido nos quitaron las voluntades. Ahora lo explicamos con ideas de igualdad, paz, tranquilidad, humanidad, …, aunque estos metaplasmos pequen por hipérbatos.

Lo único que puedo decirte, amigo(a) mío, es que la vida sí tiene sentidos, que no son hermosos u oscuros, que no son abstractos o concretos, que no nos darán paz o terminarán con nuestra existencia. No estoy seguro que debamos buscarlos, sólo sé que hemos intentado buscar el sentido de la vida en las palabras de nuestro pensamiento pero no hemos reconocido que los sentidos son más que palabras, y que la vida, más que pensamiento.






Autor: Juan Sebastián Campo Romero