martes, 6 de diciembre de 2011

Un castillo con vistas

La casa de mis padres donde he vivido durante mi infancia y mi adolescencia, está en un pueblecito (cada día menos pueblecito) de la Cataluña interior, donde hay un pequeño altiplano con una iglesia y una torre de vigía en lo alto. En la antigüedad este era el punto desde el que se vigilaba todo el pueblo para protegerlo de los ataques contra las tierras de los señores de los alrededores.
Hoy en día la torre del vigía está en ruinas y la ermita está cerrada al público y no se puede entrar, pero por suerte todavía se puede subir hasta lo alto donde me gusta sentarme en el banco de piedra que hay en el borde y observar el paisaje desde allí.



El mejor momento para sentarse allí y observar el paisaje es al atardecer, cuando se pone el sol y los contrastes de colores son de lo más espectaculares, con el pueblo a tus pies y las montañas al fondo. Por suerte no suele subir mucha gente por allí y se está la mar de tranquilo.



Autor: Rubén Gómez García